
Quisiera compartir una experiencia profesional y personal que tiene que ver con el efecto gratitud. Empezaré mencionando que “la gratitud no solo es la más grande de las virtudes, sino la que engendra todas las demás”. Cada uno de nosotros, todos los días, tiene que vivir situaciones que combinan lo personal con lo laboral y cuando pensamos en lo difícil que se torna mantener un espíritu positivo en todo momento, definitivamente es muy complicado. Según un experto, cuando pensamos en la raíz de todas nuestras insatisfacciones estas se encuentran en las expectativas poco realistas respecto a nosotros mismos y a los demás. Esto tiene una relación directa con el hecho de revisar nuestras prioridades y averiguar cuáles son los valores que gobiernan nuestras vidas.
Si bien muchas de estas cosas varían dependiendo de la etapa por la que estemos pasando (juventud, madurez, soltería o matrimonio), la coherencia de nuestro actuar con nuestros valores tiene importancia. Si por un lado las personas podemos quejarnos la mayor parte del tiempo o estar preocupadas por situaciones sobre las que no tenemos ningún control, pueden existir otros que piensan que se puede dar GRACIAS permanentemente sobre toda cosa que ocurre, entendiendo que en el universo rige la ley de la Gratitud. Todo lo que nosotros emitimos es lo que nos vuelve y, mientras más positivos sean esos pensamientos, el efecto será mejor.
Por si todo esto fuera poco, quejarse o preocuparse sin control afecta de forma directa en varios aspectos de la vida, que van desde lo físico, lo mental hasta lo psicológico. Si pudiera probar los resultados de encontrar en cada situación una oportunidad para construir, servir a los demás o avanzar hacia una vida más agradecida, se sorprendería por los resultados. Uno de los primeros pasos en este proceso es entender y aceptar que todo lo que ocurre, o la situación en la que estamos, es solo la consecuencia de nuestras decisiones en las que nadie tiene la culpa. Si lo aceptamos de verdad, dejaremos de echar la culpa a todos por lo que nos pase y asumiremos con más facilidad la posibilidad de vivir en el Efecto Gratitud.
Sigue el #EfectoGratitud
Por Daniel E. Guzmán Sancha
Fuente: Columnista El Deber
"De todo lo q me da Dios pan de cada día, trabajo a mi mamá trabajo a mi papá"
Anahi Maciel, Bolivia